Adicto a la vida

El 22 de marzo del año 2019 corrí mi primera maratón. Y hasta el momento, la que ha sido la última.

Ocho meses y doce días después de consumir grandes cantidades de cocaína, ocho meses y doce días después de ingerir barbaridades industriales de alcohol y ocho meses y doce días después de comer de una manera ansiosa y desmesurada.

El tiempo es tuyo

Ingresé en el centro de rehabilitación más de 105 kg de peso, el máximo de mi vida, y en un estado de forma alarmante. Pero en esos momentos lo que menos me preocupaba era mi estado físico. Al cabo de dos semanas me permitieron salir a pasear. Volví extasiado, con la camiseta empapada de sudor, y lo único que me consoló fue tirarme a la piscina.

Unas semanas después, creo que al mes, uno de los consejeros me propuso ir a correr. Bajamos al pueblo y trotamos unos veinte minutos a un ritmo bajo para él, pero que era exigente para mí. Repetimos un par de veces más. Me dio un tirón en los isquiotibiales.

En Londres pensé que debía hacer algo con mi estado físico. De una vez por todas! Ya no me drogaba, no bebía, pero estaba igual de gordo. Sino más. Me compré una báscula y del susto que me di, salí a correr de inmediato. 107,8kg , nunca lo olvidaré. A pesar de que las sensaciones eran distintas, a los pocos días me volví a lesionar. Maldición! Esta vez con un doloroso tirón en el gemelo.

Y a la tercera fue la vencida. Ya no me lesioné nunca más! Primero veinte, luego treinta, y en unas semanas, cuarenta minutos. Quién me lo iba a decir! Cuarenta minutos… Me ponía los cascos y disfrutaba de ese momento que me hice tan mío.

Yo nunca había sido capaz de correr más de diez quilómetros, y esas Navidades, solo un par de meses después de empezar a entrenar de nuevo, a los cinco meses de la recuperación, me atreví con los diez. Y para mi sorpresa los completé con gran éxito! Con suma facilidad!

A finales de enero había en el Estadio Olimpico de Londres una media maratón, y a finales de marzo la maratón de Lulworth Cove. Una maratón? Estaba loco? Lo mejor de todo es que me atreví a apuntarme aunque aún dudaba seriamente si me iba a atrever a hacerlo. Pero me apunté…

Terminé mi primera media maratón sin muchos problemas con un tiempo decente para un primerizo de 1h42’28’’. Entonces ya pesaba 92kg, 16kg menos que tres meses atrás. Mis hábitos alimenticios saludables y mi ejercicio físico diario estaban dando resultado.

Me encontraba mucho mejor de lo que pensaba y pensé que la maratón era posible. Por qué no? Yo corriendo una maratón! Siempre lo había deseado, pero era como un sueño imposible. Eso solo pasaba en las películas. Eso solo lo hacían otros, pero no pensaba que yo podría ser uno de ellos. Me parecían otra clase de individuos, y no sabía, ni quería saber, como conseguían sus éxitos.

Había conseguido dejar las drogas, el alcohol, el juego, y estaba mucho más sano que nunca antes en mi vida, pero tenía que certificar todo ese esfuerzo con algo muy grande. Mucho! Y la maratón iba a ser mi gran trofeo personal. La prueba de mi vida. Mi momento definitivo.

La maratón de Lulworth Cove

Llegué al precioso pueblecito costero de Lulworth Cove un día antes de la prueba para dormir bien y empezar la carrera en las mejores condiciones físicas posibles. Me di un paseo por sus alrededores y vi que todo eran montañas y acantilados. Hermosísimo paisaje para el espectador, pero no tan bonito para correr. Me entró miedo, pánico, y mucho respeto al contemplar esas cimas al lado de la inmensidad del océano. Pero mis buenas sensaciones no me abandonaban, no había llegado hasta allí para nada… Iba a ser algo épico!

Si les soy sincero, ya había cometido un gran error de principiante cuando me apunté a esa maratón… Y es que no me fijé que era de montaña! Un típico error mío, por otro lado, por ser demasiado vago y no leerme las condiciones de la carrera. Yo me había preparado para correr en carretera, pero aún siendo consciente de mi error, pensé que era demasiado importante como para renunciar a la carrera. Y que iba a hacerlo costara lo que costara. Pero lo peor aún estaba por llegar…

Cuando llegué al hotel me di cuenta de que había cometido mi segundo gran error! Y este era mayúsculo! Con toda la ilusión que me hacía, con todos los kilómetros realizados, con la preparación estoica de la prueba  y me había dejado mis bambas en Londres! Increible! Las zapatillas con las que había corrido todos los quilómetros bordeando Hyde Park una y otra vez.

Dormí poco y mal, pero estaba dispuesto a correr con mis zapatos si era necesario. Nada iba a impedir que yo corriera ese día, aunque la verdad, una vez hube realizado a prueba, supe que nunca hubiera podido hacerla. Pero al llegar a la zona de inscripción, vi que había un puesto especializado donde vendían bambas exclusivas para la montaña. Qué suerte! 

Empezó la carrera y aunque ya vi que no iba a ser igual que una carrera de asfalto, no era muy consciente de la dureza que me esperaba. Fueron 6h10’33’’ los que tardé en acabar, pero la terminé!Dos horas y media más corriendo de lo que me esperaba y no creo que hubiera un solo quilómetro entero de carretera.

Todo era un subir y bajar montañas continuo en terrenos terriblemente complicados. Muchas veces, hasta peligrosos para nuestra propia integridad debido la altura en la que nos movíamos y a la estrechez de los senderos por los que corríamos. A parte, como no, llovió incansablemente y el terreno estaba encharcado, resbaladizo y muy pesado. 

Fueron cuarenta y dos kilómetros de sufrimiento y emociones llevadas al límite. Y como siempre, si pude terminar no fue por mi mismo, fue gracias a la ayuda inestimable de mis compañeros en la carrera. Siempre que desfallecía, encontraba a otro corredor más experimentado que me motivaba y que conseguía darme otra vez esa fuerza emocional que necesitaba para tirar un poquito más adelante. 

Incluso tuve la desgracia de lesionarme la rodilla a mitad de la prueba debido a la dureza extrema en las bajadas por las laderas de las montañas que tenían una inclinación infernal. Pero nada me iba a parar ese día. Era el momento de mi vida.

Los últimos 10 km  los hice arrastrando la pierna derecha, casualmente la misma en la que me había tatuado unos meses atrás un gran lagarto enrollado en mi tobillo, enganchado en el suelo, pero mirando hacia el cielo, en honor a mi amigo del alma muerto años atrás. Y como siempre pasó en nuestras vidas, me ayudó cuando yo me quedé sin fuerzas. Entré en la meta desnutrido, con el cuerpo roto de dolor y con los ojos llenos de lágrimas de pura alegría. Lo había conseguido!

Fueron largos años de sufrimiento que llegaban a su fin. En esos quilómetros finales imborrables en mi memoria solo me veía a mi mismo estirado agonizando en el suelo frío de mi casa, esnifando cocaína encima de una sucia baldosa como un animalito herido indefenso a punto de morir. No había podido conmigo. Estaba vivo y la maratón era solo el comienzo de algo muy grande. 

Acabé en la posición vigésimo novena de ochenta participantes, que era lo de menos, pero para mí fue importante ver que incluso con todo en mi contra pude con ello, no desfallecí y realicé uno de mis grandes sueños. Mi corazón de adicto nunca me abandonó. Yo ya lo sabía, esa era mi gran baza. Y nunca lo hará!

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El 22 de marzo del año 2019 corrí mi primera maratón. Ocho meses y doce días después de haber dejado drogas y alcohol.

¿Por qué escribo?

Los personajes de mis libros, hasta el momento, están marcados por la adicción; por ser adictos o por convertirse en adictos. Es difícil esa distinción.